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Inspectores de escuela problemáticos pasan desapercibidos por la supervisión estatal

En tanto supieran los funcionarios del Distrito Escolar de Rancho Santa Fe, Richard Vale contaba con una historia laboral fiable cuando lo contrataron para inspeccionar una reconstrucción de cimiento a techo de la escuela primaria y media R. Roger Rowe.

La División del Arquitecto Estatal había aprobado a Vale como inspector de proyectos de escuelas públicas y universidades comunitarias en el 2005, sin nunca revisar sus antecedentes. Pero Vale había sido condenado de un delito mayor en un caso de seguridad en la construcción y fue despedido del programa de inspectores en la ciudad de Los Ángeles.

A comienzos de la década de 1990, Vale había sido acusado por fiscales de hacer caso omiso de anclas sísmicas defectuosas en los muros de varios edificios de albañilería de hormigón armado por toda Los Ángeles.  Vale no formuló oposición al cargo de conspirar a obstruir la justicia.

A pesar de esto, la oficina del arquitecto estatal permitió que Vale monitoreara la obra de $37 millones en Rancho Santa Fe. Los contratistas construyeron un nuevo centro de artes escénicas, salón de música, y laboratorios de tecnología y ciencias. Reemplazaron las viejas aulas portátiles con edificios de dos pisos – modernizando un recinto que ahora podía albergar a 850 alumnos.

En el 2007, la oficina del arquitecto estatal también aprobó que Vale inspeccionara la obra de $10 millones de la construcción de un nuevo gimnasio, camerino, y piscina en Palo Verde College, en el condado de Riverside. Y ese mismo año, trabajó de inspector de soldaduras en un proyecto de $2 millones, una renovación de la escuela secundaria Needles, en el condado de San Bernardino.

“Si dejan que se cuele este tipo, ¿qué más ocurre por allí que no conocemos?” dijo Doug Devine, un inspector con el Departamento de Construcción y seguridad de Los Ángeles, y quien asistió en la investigación de delitos de Vale. “¿Qué más están recortando? ¿De qué otros temas de seguridad hacen caso omiso?”

Vale no es el único inspector de la seguridad de edificios escolares que se ha colado por el sistema de supervisión suelta del estado, ha descubierto California Watch.

Casi 300 inspectores han sido citados por el estado por motivo de deficiencias en el trabajo. Pero al menos dos tercios de ellos ha podido continuar monitoreando obras de construcción de escuelas, indica una revisión de los índices de rendimiento estatales. Durante décadas, el estado ha mantenido en la confidencialidad estos índices, hasta que California Watch luchó por que se revelaran.

Correos electrónicos internos, expedientes de proyectos y otros documentos muestran que múltiples inspectores empleados en obras de construcción escolar han sido acusados de entregar informes falsos con autoridades estatales de reglamentaciones y de no comparecer durante momentos claves de la construcción.

Algunos inspectores no llegaron a presenciar serios defectos de seguridad que luego fueron descubiertos por ingenieros de campo estatales.

Los inspectores no vieron conexiones alámbricas defectuosas, pernos ancla sin asegurar, marcos imperfectos, y fallas en marcos de acero que “podrían haber resultado en edificios en extremo inseguros”, según los índices de rendimiento de los inspectores. Un inspector empleado en la biblioteca de una escuela primaria no vio un detalle “importante”, considerado crítico para resistir las fuerzas sísmicas.

A diferencia de proyectos de construcción normales, que utilizan a inspectores municipales o de condado, los proyectos de construcción de escuelas y universidades públicas están monitoreados por una red especial de 1.500 inspectores capacitados en los términos de la ley Field, la ley hito sobre la seguridad sísmica de California.

Los distritos escolares contratan a estos inspectores. Los ingenieros de campo, quienes trabajan para la División del Arquitecto Estatal, supervisan su trabajo. Los distritos pagan entre $70 y $100 la hora por los servicios del inspector, y pagan al estado miles de dólares por los ingenieros de campo para cada proyecto.

Un distrito escolar del área de la Bahía de San Francisco pagó a la oficina del arquitecto estatal casi $6.000 por un ingeniero de campo que nunca apareció durante la construcción de una docena de edificios de escuela primaria, indican los expedientes.

Durante una entrevista, el arquitecto estatal interino, Howard “Chip” Smith, dijo que hay “lugar a mejorar” el programa de supervisión de inspectores, pero lo defendió como efectivo por lo general.

“Los ingenieros de campo, en gran medida, conocen a sus inspectores y su territorio”, dijo. “Trabajan con ellos de manera rutinaria. Conocen sus capacidades, fuerzas y debilidades, y así ha funcionado el sistema, predominantemente”.

Pero ex miembro de la asamblea estatal, Sally Lieber, dijo que a la oficina del arquitecto estatal le falta autoridad para disciplinar a los inspectores de escuelas – lo cual compromete la seguridad.

“No tengo duda alguna que así como estamos aquí sentados hoy, van ocurriendo situaciones en las que un inspector está siendo presionado a aprobar algo que no aprobó”, dijo Lieber, demócrata por Santa Clara y crítica frecuente de los programas de inspectores de California. “O se mantiene avanzando un proyecto, cuando en realidad debería cesar”.

El estado ha categorizado el rendimiento de casi 1.800 inspectores durante las últimas tres décadas. La mayoría recibió notas aprobatorias. Pero se citó a 296 inspectores por mal rendimiento. Recibieron notas de “poco satisfactorio” o se les dijo que su trabajo tenía que mejorar. California Watch encontró que al menos un 67 por ciento de estos recibieron aprobación para inspeccionar más obras.

En un 43 por ciento de los formularios de rendimiento que revisara California Watch, los ingenieros de campo de la oficina del arquitecto estatal declararon que no podían evaluar el rendimiento de los inspectores bajo su tutela por “falta de contacto suficiente”.

A todas las oficinas regionales de la División del Arquitecto Estatal les faltan expedientes de rendimiento de inspectores activos. La oficina en Los Ángeles en gran parte ha dejado la práctica de evaluar a los inspectores. Entregó evaluaciones de rendimiento sólo en una fracción de sus proyectos.

Smith, el arquitecto estatal interino, minimizó el valor de las evaluaciones.

“El formulario de evaluación es sencillamente un rol de función somera al final de un proyecto”, dijo. “En el mundo real de la interacción entre la DSA (siglas en inglés de la División del Arquitecto Estatal) y los inspectores, se les evalúa continuamente durante todo el proceso”.

 El estado ha reconocido el fracaso de sus propios ingenieros de campo al no comparecer ante las obras – culpando su planilla reducida e inmenso volumen de trabajo. El estado emplea a 25 ingenieros de campo, quienes supervisan a más de 3.100 proyectos de construcción activos.

Reporteros Kendall Taggart, Anna Werner y Krissy Clark contribuyeron a la presente nota. Esta nota la editaron Robert Salladay y Mark Katches. La corrección de texto la hicieron Nikki Frick y Joanna Lin.

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